miércoles, 26 de noviembre de 2014

Crónica

El ascenso del líder, de la mano de los excluidos.

En 1930 el presidente elegido en democracia Hipólito Irigoyen es derrocado por José Félix de Uriburu y comienza en la Argentina unos años (1930-1943) nefastos y perdidos (por sobre todo). Donde los que más habían perdido eran las clases bajas: Los trabajadores y las minorías que no tenían voz ni nadie que pudiera pelear por ellos y así hacerle frente a las clases elitistas que gobernaban el país.
Durante estos años la política estuvo en el centro de la escena y el poder era disputado pero caía siempre en manos equivocadas o así parecía serlo. Uriburu tomo el país en un contexto  donde la segunda guerra mundial estaba al caer y económicamente la nación no estaba bien, su paso por el poder fue corto y lo fueron reemplazando: Justo, Ortiz y Castillo respectivamente en una época que se denomino la década infame. Este ultimo, Castillo, recibe un golpe de estado en 1943 en manos de un grupo de oficiales unidos (GOU) encabezados por Arturo Rawson, a partir de ese momento comienza a tomar notoriedad un militar llamado Juan Domingo Perón que hasta ese momento no tenia cargos muy importantes y se desempeñaba como coronel. Miembros del GOU toman los cargos más importantes del gobierno luego de ese golpe, entre ellos el coronel Perón.
Hay un quiebre fundamental en la vida política de Juan Domingo Perón: el 27 de noviembre de 1943 es nombrado secretario de trabajo y previsión social, que fue un punto vital en su carrera política. Este cargo le dio la oportunidad de empezar a crecer, en todo sentido de poder, entre los trabajadores y clases populares a las que comenzó a tener muy presente en sus ideas políticas. Otro hecho destacable, entre tantos, ocurre en 1944 cuando conoce a la que seria su esposa y gran compañera: Eva Duarte, que con el paso de los años seria pieza fundamental en el peronismo y sus políticas inclusivas como por ejemplo la de apoyar siempre a los que ella llamaba los descamisados, así se ganaría el apoyo total de pueblo. Para ese entonces la figura de Perón estaba muy presente entre los trabajadores y excluidos sociales de esos años que empiezan a sentirse identificados con él.
En octubre de 1945 el coronel Perón es encarcelado y llevado a la isla Martín García a cumplir con su castigo, que fue impuesto por opositores que lo veían como una amenaza a sus ideas conservadoras. Pero al conocerse la noticia del traslado carcelario de Perón sus seguidores, que eran los trabajadores que habían obtenido los beneficios laborales gracias a la gestión del coronel, deciden marchar a la plaza de mayo el 17 de octubre de ese año para pedir la liberación y la vuelta del que seria su líder por los próximos años. Ese gran movimiento que es en parte organizado por Eva, que ese mismo año se había casado con el general, con el tiempo esa fecha (17/10/45) se fue convirtiendo en lo que se conmemora hoy como el día de la lealtad peronista. Semejante movimiento popular jamás visto en estas tierras marco para siempre la política Argentina, la gente salió a la calle a pedir por un líder que peleara por ellos.
Juan Domingo Perón comenzó a ser el que llevaría las banderas de su pueblo, de los que siempre fueron excluidos sociales y políticos por gobiernos anteriores. A cambio de eso el pueblo le devolvía con su voto de apoyo las gracias por sus decisiones políticas. Todas ellas en pos de devolverles la dignidad a los trabajadores argentinos, todo lo realizo en su paso por el máximo cargo desde 1946 hasta 1955 cuando cae su gobierno en manos de un golpe de estado, lo que fue mal llamado: La revolución libertadora.
Ese liderazgo mostrado por Perón es muy similar a lo que Héctor Martín Oesterheld nos muestra en su historieta: El eternauta, Un líder que lleva adelante a su pueblo, el de las cavernas en el caso de El eternauta, y pelea por  los que están excluidos de la sociedad.
El de Perón al igual que todo gobierno elegido por el pueblo tuvo oposición, pero en este caso de sectores elitistas, empresariales y algunos intelectuales. Como son los casos de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares que desde la literatura criticaron el movimiento generado por el general y sus fieles. El odio, desde esa palabra fue tanto Borges como Casares construyendo, con literatura, su visión de un movimiento popular jamás visto en la Argentina. Lo hacen con un texto publicado en 1955 pero escrito en 1946 llamado: La fiesta del mounstro, donde enmarcan al peronismo como un movimiento violento lleno de impunidad y a Perón como un mounstro encantador de esas masas sociales que resurgían de su mano. Para ellos el nuevo movimiento popular solo acrecentaba el odio entre los argentinos y la salida a la calle de los marginados y excluidos sociales, cosa que parece que les molesta mucho a ambos autores. Este ultimo texto citado tiene también cierta similitud con el escrito por Esteban Echeverría: El matadero, este cuento al igual que en el de Borges y Bioy Casares vemos que los lideres Perón en La fiesta del mounstro y Rosas en El matadero son enmarcados en movimientos que son seguidos por marginales y violentos y ambos terminan cometiendo un asesinato lleno de impunidad partidaria (un joven judío y un joven unitario). Estos autores muestran a los movimientos populares como violentos y la principal amenaza para ser el resurgir de las clases sociales más bajas.
El líder que los trabajadores argentinos necesitaban apareció en el momento justo, cuando el país no tenía rumbo político claro y prospero. Pero él solo no podría haberlo hecho ya que su gestión estuvo marcada por el apoyo unánime de la mayoría, que eran nada más y nada menos que las clases bajas, los trabajadores. Su ascenso se fue dando paso a paso y la afinidad con el pueblo fue acrecentando el surgimiento de un gran movimiento popular. A diferencia de otros líderes de la historia Argentina Juan Domingo Perón creció de la mano del pueblo que pidió por su libertad cuando este fue encarcelado, luego él devolvió la lealtad demostrada por sus seguidores con liderazgo y por sobre todo con una gestión siempre pensando en los excluidos que lo necesitaban. Perón y el pueblo crecieron juntos.


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