La grieta del 2001
_Maurito ¿todo bien?, saludo Lucas antes de entrar esa
tarde a la escuela.
_Si querido, respondí con media sonrisa en el rostro.
¿Vos? ¿Qué paso que estas con esa cara?, le pregunte.
_Viste lo que te conté que mis viejos se querían ir
del país, bueno es un hecho a fin de este invierno nos vamos a España a buscar
una mejor vida allá, mis viejos dicen que es necesario irse ya. Afirmo con
mucha tristeza.
Todavía
recuerdo las palabras de Lucas el día que dijo que se iba a buscar futuro con
su familia del otro lado del charco. El país estaba mal y nada bueno parecía
venir. Lo recuerdo como el momento en que los argentinos nos dividimos pero en
realidad teníamos que estar más unidos que nunca, el pueblo argentino
enfrentaba quizás la mayor crisis de su historia económica. Estábamos cursando
el segundo año de la secundaria polimodal y como adolescentes que éramos en ese
entonces no entendíamos bien porqué la situación de nuestra querida Argentina
era tan mala, ni hablar de que no teníamos idea de como se podía solucionar una
crisis nunca vista por estas tierras. Esos años 2001/2002 fueron de lo peor, la
escuela era nuestra segunda casa pero no solo porque nos educaba sino porque
hasta funcionaba como comedor y hotel para los que habían perdido todo en esos
nefastos años. La media 4 era el colegio del barrio y todos allí nos conocíamos
directa o indirectamente y se sabía que la situación de algunos era complicada,
faltaba el laburo en casa y faltaba que pase lo peor o no sabíamos si ya había
pasado.
La decisión
de irse, decía Lucas, era porque su familia sentía que el país no tenia arreglo
y el futuro estaba en otra parte del mundo; también que muy pronto como jóvenes
estudiantes no tendríamos futuro al salir de la escuela y que España era un
lugar para ir a explotar, siendo argentino allí tendrías la chance de crecer y
hacer una buena vida, digna. Que formándonos en la escuela era a lo que la mayoría
apuntábamos crecer y vivir bien en nuestra ciudad, que era Ituzaingo, sin tener
jamás que irse a buscar eso a otro lado del planeta pero el destino así no lo quiso
para el.
_ ¿En serio
te vas?, dijo el cabezón, un compañero que escucho el momento en que Lucas me
contaba de su partida.
_Si mi familia dice que es el momento de irse, ya
hicieron los tramites así que en unas semanas ya nos vamos.
_Que mal che, pero si así lo quieren. Buena suerte.
_No lo queremos así pero no nos queda otra dicen mis
viejos, es una porquería mudarnos a España. Yo tengo todo acá, una vida hecha.
Una vida
que aquí, de este lado del charco, nos había sido arrebata por políticas
neoliberales y a favor de intereses económicos que nada tenían que ven con
nosotros los ciudadanos que la estábamos sufriendo, porque la crisis económica
no era solo de la familia de Lucas que estaba pasando una mala situación, era
tan general la cosa que hasta era entendible pero muy dolorosa su partida, compartíamos
la secundaria, amistad y momentos de alegría fuera del colegio cuando íbamos a
la bombonera a ver a Boca. En esas palabras que él pregonaba había detrás de
ellas mucha angustia, no era fácil para sus padres y su hermanito dejar todo y
empezar de cero en tierra nueva.
Lejos de
poder analizar mucho toda la situación yo creía que era lo mejor para ellos
pero lo que más me molestaba era pensar: ¿Por qué se tienen que ir? ¿Por qué el
futuro no se puede forjar acá? en Argentina si crecimos con que un peso era un dólar,
que de todo el mundo venían a invertir dinero en nuestra patria (pero en
realidad se llevaban todo) y que estábamos en el primer mundo, ¿Qué tanto podía
durar una crisis económica? En ese análisis precario de preguntarme cosas por
dentro me caía la ficha de que nos habían engañado, que nada de lo que durante
10 años pregonaron era cierto y Lucas se preguntaba como iba a hacer para no
extrañar todo lo que aquí dejaba sin terminar, sin poder realizar, sin poder
decir. "Somos argentinos pero la Argentina nos dio la espalda" decía
Norma su mamá con su dolor y su convicción de que España cumpliría sus sueños,
"Uno lo hace por ellos" eran las palabras de Alberto, su papá,
mientras los miraba a Lucas y Julián. La suerte estaba echada para la familia
Albornoz y sus 4 integrantes, el invierno del 2002 sería el ultimo en el estas
latitudes para ellos pero el frio se iba también en sus valijas vacías de todo
lo lindo que es estar tu lugar, en tu tierra. Pero el país en aquellos
dolorosos años los excluyo a ellos como a millones de argentinos pero esta
familia, la de Lucas, si pudo irse como una especie de exiliados económicos o
mejor dicho excluidos económicos porque esa era la verdadera forma de
llamarlos.
"Quedarse
es tan triste como irse" dice una canción de Bersuit Vergarabat, la exclusión
era para todos los que se iban y los que nos quedábamos a enfrentar lo que
venia, desempleo, pobreza y ajuste económico. Por eso todavía recuerdo con
mucha bronca ese día que Lucas vino y dijo que se iba a buscar un mejor futuro
a otra parte, cuando el futuro lo teníamos que hacer entre todos aquí en
nuestra Argentina y no en otra parte del mundo.
_Bueno no
se que decirte, es un muy loco que te vayas. Le respondí.
_Si ya se pero bueno no es decisión mía.
_Si veo en la tele que mucha gente se esta llendo del
país y me da bronca pero bueno nosotros en el medio de una crisis que no
generamos. Ojalá tengan suerte allá pero espero que algún día puedan volver a
hacer el futuro acá.
_Si ojalá.
Dicen que las palabras se las lleva el viento pero a
estas no pudo arrastrarlas, quedaron ahí para siempre. En la puerta de la
escuela media numero 4. Donde los sueños de los que cursábamos el segundo año
de la secundaria se vieron avasallados por la grieta generada por las políticas de exclusión social y crisis
económica.

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