miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ficción

La grieta del 2001
_Maurito ¿todo bien?, saludo Lucas antes de entrar esa tarde a la escuela.
_Si querido, respondí con media sonrisa en el rostro. ¿Vos? ¿Qué paso que estas con esa cara?, le pregunte.
_Viste lo que te conté que mis viejos se querían ir del país, bueno es un hecho a fin de este invierno nos vamos a España a buscar una mejor vida allá, mis viejos dicen que es necesario irse ya. Afirmo con mucha tristeza.
Todavía recuerdo las palabras de Lucas el día que dijo que se iba a buscar futuro con su familia del otro lado del charco. El país estaba mal y nada bueno parecía venir. Lo recuerdo como el momento en que los argentinos nos dividimos pero en realidad teníamos que estar más unidos que nunca, el pueblo argentino enfrentaba quizás la mayor crisis de su historia económica. Estábamos cursando el segundo año de la secundaria polimodal y como adolescentes que éramos en ese entonces no entendíamos bien porqué la situación de nuestra querida Argentina era tan mala, ni hablar de que no teníamos idea de como se podía solucionar una crisis nunca vista por estas tierras. Esos años 2001/2002 fueron de lo peor, la escuela era nuestra segunda casa pero no solo porque nos educaba sino porque hasta funcionaba como comedor y hotel para los que habían perdido todo en esos nefastos años. La media 4 era el colegio del barrio y todos allí nos conocíamos directa o indirectamente y se sabía que la situación de algunos era complicada, faltaba el laburo en casa y faltaba que pase lo peor o no sabíamos si ya había pasado.
La decisión de irse, decía Lucas, era porque su familia sentía que el país no tenia arreglo y el futuro estaba en otra parte del mundo; también que muy pronto como jóvenes estudiantes no tendríamos futuro al salir de la escuela y que España era un lugar para ir a explotar, siendo argentino allí tendrías la chance de crecer y hacer una buena vida, digna. Que formándonos en la escuela era a lo que la mayoría apuntábamos crecer y vivir bien en nuestra ciudad, que era Ituzaingo, sin tener jamás que irse a buscar eso a otro lado del planeta pero el destino así no lo quiso para el.
_ ¿En serio te vas?, dijo el cabezón, un compañero que escucho el momento en que Lucas me contaba de su partida.
_Si mi familia dice que es el momento de irse, ya hicieron los tramites así que en unas semanas ya nos vamos.
_Que mal che, pero si así lo quieren. Buena suerte.
_No lo queremos así pero no nos queda otra dicen mis viejos, es una porquería mudarnos a España. Yo tengo todo acá, una vida hecha.
Una vida que aquí, de este lado del charco, nos había sido arrebata por políticas neoliberales y a favor de intereses económicos que nada tenían que ven con nosotros los ciudadanos que la estábamos sufriendo, porque la crisis económica no era solo de la familia de Lucas que estaba pasando una mala situación, era tan general la cosa que hasta era entendible pero muy dolorosa su partida, compartíamos la secundaria, amistad y momentos de alegría fuera del colegio cuando íbamos a la bombonera a ver a Boca. En esas palabras que él pregonaba había detrás de ellas mucha angustia, no era fácil para sus padres y su hermanito dejar todo y empezar de cero en tierra nueva.
Lejos de poder analizar mucho toda la situación yo creía que era lo mejor para ellos pero lo que más me molestaba era pensar: ¿Por qué se tienen que ir? ¿Por qué el futuro no se puede forjar acá? en Argentina si crecimos con que un peso era un dólar, que de todo el mundo venían a invertir dinero en nuestra patria (pero en realidad se llevaban todo) y que estábamos en el primer mundo, ¿Qué tanto podía durar una crisis económica? En ese análisis precario de preguntarme cosas por dentro me caía la ficha de que nos habían engañado, que nada de lo que durante 10 años pregonaron era cierto y Lucas se preguntaba como iba a hacer para no extrañar todo lo que aquí dejaba sin terminar, sin poder realizar, sin poder decir. "Somos argentinos pero la Argentina nos dio la espalda" decía Norma su mamá con su dolor y su convicción de que España cumpliría sus sueños, "Uno lo hace por ellos" eran las palabras de Alberto, su papá, mientras los miraba a Lucas y Julián. La suerte estaba echada para la familia Albornoz y sus 4 integrantes, el invierno del 2002 sería el ultimo en el estas latitudes para ellos pero el frio se iba también en sus valijas vacías de todo lo lindo que es estar tu lugar, en tu tierra. Pero el país en aquellos dolorosos años los excluyo a ellos como a millones de argentinos pero esta familia, la de Lucas, si pudo irse como una especie de exiliados económicos o mejor dicho excluidos económicos porque esa era la verdadera forma de llamarlos.
"Quedarse es tan triste como irse" dice una canción de Bersuit Vergarabat, la exclusión era para todos los que se iban y los que nos quedábamos a enfrentar lo que venia, desempleo, pobreza y ajuste económico. Por eso todavía recuerdo con mucha bronca ese día que Lucas vino y dijo que se iba a buscar un mejor futuro a otra parte, cuando el futuro lo teníamos que hacer entre todos aquí en nuestra Argentina y no en otra parte del mundo.

_Bueno no se que decirte, es un muy loco que te vayas. Le respondí.
_Si ya se pero bueno no es decisión mía.
_Si veo en la tele que mucha gente se esta llendo del país y me da bronca pero bueno nosotros en el medio de una crisis que no generamos. Ojalá tengan suerte allá pero espero que algún día puedan volver a hacer el futuro acá.
_Si ojalá.

Dicen que las palabras se las lleva el viento pero a estas no pudo arrastrarlas, quedaron ahí para siempre. En la puerta de la escuela media numero 4. Donde los sueños de los que cursábamos el segundo año de la secundaria se vieron avasallados por la grieta generada por las  políticas de exclusión social y crisis económica.

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